Empieza septiembre y, con él, la vuelta a las aulas, la rutina de los exámenes y… las lecturas obligatorias del instituto. Es un clásico de cada inicio de curso escuchar a muchos jóvenes repetir eso de: «A mí me encanta leer, pero odio los libros que me mandan en clase».

Y es completamente normal. Muchas de estas obras fueron escritas hace siglos, en contextos históricos, sociales y culturales muy diferentes al nuestro. Por eso, disfrutar de un clásico no consiste únicamente en seguir su argumento. Leer también es comprender la época en la que fue escrito, descubrir las referencias que esconde y entender qué quería transmitir su autor. Ahí es donde la lectura se convierte en una experiencia mucho más rica y fascinante.

Y ojo, porque esto no va solo por los estudiantes. A muchísimas personas que leen habitualmente se les atragantan los clásicos y los abandonan con frustración. Por eso, nuestro consejo es «investigar» y profundizar. No os quedéis con una obra fría, lejana y sin significado. Leer sin conocer el contexto que rodea a esas obras es, en realidad, como no haberlas leído.

Reducir un libro de otra época a «lo que pasa en la historia» es vaciarlo de su alma, si intentas comprender un texto del pasado ignorando su contexto te quedas solo en la superficie.

El peligro de leer sin comprender: El aburrimiento como síntoma 

Cuando alguien se queja de un clásico, lo que realmente ocurre es que no encuentra el puente que une ese texto con su realidad. Al despojar a los libros de su contexto, los convertimos en piezas de museo: respetables, pero frías e inaccesibles.

Estudiar la época de un libro no es un añadido aburrido; es la única llave que abre la puerta de la comprensión exacta. Solo cuando entendemos las tensiones, los miedos, los tabúes y los «chismes» de la época, las palabras antiguas cobran vida y se vuelven peligrosas, divertidas, gamberras o conmovedoras.

Al fin y al cabo, los grandes temas humanos (la hipocresía, el deseo de encajar, la rebeldía o la lucha por sobrevivir) no han cambiado en los últimos cinco siglos. Solo ha cambiado el envoltorio. Si enseñamos a quitar ese envoltorio, la literatura dejará de ser una obligación tediosa para convertirse en lo que siempre debió ser: un espejo de nosotros mismos.

¿Cómo disfrutar de la ironía o la crítica sin saber contra qué se luchaba?

  • Góngora vs. Quevedo: El famoso poema de Quevedo “Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una alquitara medio viva…” no solo se estaba riendo de la nariz de Góngora, también sugería antepasados judíos o conversos, que podía arruinar la reputación y la carrera de cualquiera.
  • El anonimato del Lazarillo de Tormes: No es una simple novela cómica de un pícaro hambriento, sino una crítica contra la hipocresía de la Iglesia del siglo XVI (casi todos sus amos son religiosos corruptos). Era un texto de resistencia social tan peligroso que la Inquisición lo prohibió, obligando al autor a ocultar su nombre para salvar la vida.
  • Jane Austen y las pullas de la Regencia: El inicio de Orgullo y Prejuicio «Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa» es pura ironía. Austen no celebraba el amor, sino que criticaba un mercado matrimonial asfixiante donde las mujeres, sin derechos económicos, dependían de casarse para sobrevivir. Cada charla educada era, en realidad, un dardo psicológico.
  • El Quijote y la parodia de un imperio: Nació como una comedia descarada para parodiar los libros de caballerías, pero es una genial metáfora de la España imperial del momento: un país en decadencia económica lleno de hidalgos que preferían morir de hambre antes que trabajar, eligiendo vivir de mitos y luchar contra enemigos imaginarios. 

Tu librería de confianza, el mejor aliado para el nuevo curso 

Para afrontar esta vuelta a las aulas con las mejores garantías, recordad que los libreros de Castilla y León están aquí para ayudaros. No solo os ayudarán a conseguir todos los libros de texto y lecturas obligatorias necesarios para el inicio del curso escolar, sino que también son los aliados perfectos para guiaros, recomendaros ediciones anotadas que faciliten la lectura y desvelaros esos secretos históricos que hacen que un libro pase de ser «un tostón» a una aventura fascinante. Este septiembre, antes de empezar a leer, ¡pásate por tu librería de barrio!

Queridos lectores y libreros: ¿Creéis que el sistema educativo actual da suficiente peso al contexto histórico a la hora de abordar la literatura, o nos estamos limitando a evaluar si se ha memorizado el argumento? ¡Abrimos el debate en los comentarios!