La Navidad es uno de los momentos del año en los que más libros llegan a los hogares, especialmente a los de los más pequeños. Sin embargo, una vez pasan las fiestas, surge una pregunta habitual entre madres y padres: ¿cómo evitar que ese libro termine acumulando polvo en la estantería? Fomentar el amor por la lectura desde la infancia es posible si logramos que leer sea una experiencia divertida, cercana a sus intereses y parte natural de su día a día.
Elegir el libro adecuado: el primer gran paso
El punto de partida es siempre una buena elección. No todos los niños disfrutan con los mismos temas, y acertar con sus gustos puede marcar la diferencia entre un libro olvidado y uno que se convierte en su favorito. Si le apasionan los camiones, los animales, los dinosaurios, el espacio o los cuentos de aventuras, existen libros pensados específicamente para cada interés y etapa. Ilustraciones atractivas, textos adaptados a su edad y formatos manejables ayudan a captar su atención desde el primer momento.
Las librerías de Burgos son un gran aliado en este proceso: los libreros conocen bien los catálogos y pueden orientar a las familias para encontrar el libro que mejor encaje con cada niño o niña.
Crear un ambiente lector en casa
Para que la lectura se convierta en un hábito, es fundamental que los niños la perciban como algo cotidiano. Ver a los adultos leer, tener libros al alcance de la mano y dedicar un momento diario a compartir historias crea una relación positiva con los libros. Pequeños rituales, como leer un cuento antes de dormir o dedicar unos minutos tranquilos después de la merienda, ayudan a que la lectura se asocie a momentos agradables.
Incluso durante un paseo, leer juntos carteles, señales o escaparates puede convertirse en un juego que refuerce su curiosidad y sus habilidades lectoras.
Leer también puede ser interactivo y creativo
La lectura no tiene por qué ser una actividad pasiva. Conectar los libros con los intereses del niño multiplica su atractivo: historias relacionadas con sus películas favoritas, deportes, personajes conocidos o aficiones personales. También se puede combinar el libro con otros formatos, como audiolibros o ediciones con texto resaltado, que facilitan la comprensión y mantienen su atención.
Invitarles a imaginar finales alternativos, dibujar personajes, inventar nuevas aventuras o leer en voz alta a su peluche favorito convierte la lectura en un juego creativo y cercano.
Convertir los libros en un juego
Dramatizar escenas, disfrazarse de los personajes, representar la historia en casa o dibujar las partes que más les han gustado son estrategias que hacen que los libros cobren vida. Ver primero la película basada en un libro y después leerlo —o al revés— puede aumentar su interés y comprensión de la historia.
Visitar bibliotecas y librerías es otra experiencia clave: permitir que los niños elijan sus propios libros, asistir a cuentacuentos o participar en actividades infantiles refuerza su vínculo con la lectura y la convierte en algo emocionante y personal.
Leer sin presiones: la clave del éxito
Lo más importante es que la lectura sea un placer, no una obligación. No pasa nada si un libro no les interesa o si prefieren releer el mismo una y otra vez. Evitar textos excesivamente didácticos, respetar sus ritmos y celebrar cada pequeño avance ayuda a crear una relación positiva con los libros.
Leer para la familia, para hermanos mayores o pequeños, o incluso para una mascota, refuerza su confianza y hace que disfruten del momento sin presión.
Con paciencia, ejemplo y pequeñas rutinas, los libros regalados en Navidad pueden convertirse en compañeros de juegos, aprendizaje y emociones durante todo el año. Y, sobre todo, en una puerta abierta a la imaginación y al amor por la lectura que les acompañará toda la vida.